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viernes, 19 de agosto de 2011

Vi una vida diminuta


Vi pequeños ojos mirándome fijamente, me pregunté que miraban y que pensaban al verme.

Realmente no sé, pero un ruido me saco de mis pensamientos; aunque rápidamente supuse que era el caniche haciendo travesuras como mi esposa le había enseñado; bueno, tal vez no enseñado, pero si permitido.

Entonces volví a centrar mi atención en esos pequeños ojos acuosos, rápidamente volví a divagar en lo que pensarían.

No hallé respuesta, pero esa mirada límpida me tenía atrapado y no podía apartarme... El tal ruido se volvió más y más fuerte, hasta que parecía una tromba y yo no sabía cómo dejar de mirar esos ojitos, no tenía siquiera idea de cuánto tiempo había pasado; si eran segundos, minutos o décadas enteras.

Vi una pequeña naricita ponerse arrugada, y luego relajarse; fue solo un instante, pero me dio tiempo a poner en mis labios una sonrisa y una palabra de amor que no llegue a expresar.

El ruido no cesaba y yo tampoco me detenía de dejar de ver esos ojos claros y luminosos.

Todo se puso oscuro y yo seguía mirando la luz de los ojitos; parecían iluminarme, a mí y a la habitación toda.

Empezaron otra clase de ruidos, pero yo estaba embelesado con esta situación; con esta mirada y con esa naricita redondita.

Vi una boca pequeñita, de color de la rosa, húmeda y muy propensa a sonreír; siempre sonriendo.

La luz de mi vida y de todos los que veían esa sonrisa.

Todo oscuro y yo miraba, todo ruidoso y yo no escuchaba, todos muertos y yo me sentía completamente vivo.

El terremoto sucedió un domingo, a las 10:30 de la mañana, mientras yo iba a despertar a mi hijo recién nacido.

Caza
Triste

miércoles, 10 de agosto de 2011

Pavel Beilin - Una gran familia



Ediciones en lenguas extranjeras. Moscú 1954
Traducción de la novela de igual título, de la edición rusa publicada en 1953 en Kiev por la editorial ucraniana "Soviétski Pisátiel"


Ahí está la diferencia entre los científicos y los arquitectos -terció Raísa Mujtárovna-. El arquitecto no puede construir los pisos superiores hasta que no echa los cimientos. Con el hombre de ciencia, la cosa varia. Por ejemplo, los médicos ignoran la causa de muchas enfermedades, sin embargo, pueden vencerlas. En ciertos casos, esto es necesario explicárselo a los pacientes...

En nuestro país, la asistencia médica no está mancillada por ningún afán de lucro. Curamos basándonos en las conquistas de la ciencia moderna, y no explotamos la ignorancia de los enfermos. No necesitamos, como los médicos burgueses, de la fe ciega del paciente. Sin duda, la ilustración de dichos enfermos perjudicaría los intereses materiales de estos médicos.

En Polonia, conversé con un medico burgués...
... La conversación fue interrumpida por la visita de una paciente. Un pañuelo negro subrayaba la palidez de su rostro. El doctor le entrego una cajita con colorines que contenía un medicamento...
-Es un medicamento muy bueno -le insinuó.
Cuando me despedí del médico, me dijo:
-Era la última cajita que me quedaba. ¡Vaya negocio! Esos ladrones no nos pagan más que el diez por ciento sobre el precio fijo, por el reclamo y la difusión de ese especifico... ¡Increíblemente barato! Otros fabricantes pagan más por tales servicios...

-¡Qué gran felicidad para la familia! ¡Que se les crie robusto y fuerte y que sea inteligente! -le dijo enternecida Kubítskaia.

En nuestra clínica, como en todas, cuando fallecía un enfermo, se convocaba a los médicos a una conferencia de anatomía patológica. Se leía en voz alta la historia clínica, se analizaban los errores cometidos en el diagnóstico y en el tratamiento. Se averiguaba si se había pasado por alto o desatendido algo...
Y aquí surge una idea sencilla y diáfana:
¿Porque convocar estas conferencias cuando ya ha fallecido el enfermo, y no en vida de éste? Los médicos sacan enseñanzas de los errores cometidos, lo cual constituye una ayuda para ellos, pero el enfermo ya no vive.
caza
libros que has de leer

viernes, 23 de octubre de 2009

Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum (Libros Censurados)


Pape (Le) et l'Allemagne. 1887
Miralta, Constancio – El Sacramento Espureo. 1887
Miralta, Constancio – Los Secretos de la Confesión. 1887
Laserre, Henri - Les saints évangiles, traduction nouvelle. 1887
Lenormant François - Les origines de l'histoire d'après la Bible et les traditions des peuples orientaux. I. De la création do l'homme au déluge. II. L'humanité nouvelle et la dispersion des peuples. 1887


Hace 122 que se prohibieron 5 libros para la humanidad, y ¿Por qué lo recuerdo ahora?, no sé, pero me pareció interesante.

No es exactamente que haya vivido esa fecha, eso sería un poco extraño, pero sí me enteré de este compendio (del cual hablaré un poco más adelante) hace algún tiempo y hasta ahora lo recordé y quise dejar constancia de mi recuerdo, en un post ligero, ya que los anteriores han sido un poco profundos y extensos.

Y así no les amargo más la vida a los que se pasan por aquí esperando ver algo divertido.

¿Aunque no me dejaran mentir en que, hemos aprendido mucho en estos artículos, cierto?

Así pues, solo les diré de que trata esto y de que no.

1. Estoy hablando del Index Librorum prohibitorum (siendo el original llamado también Expurgatorum, esto es: Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum). Este es un compendio; como su nombre lo dice, ‘Index’, sobre las publicaciones revisadas y censuradas por la Sanctae Matris Ecclesia. O como seria su traducción casi literal: Índice de libros prohibidos.

2. Abarca de los años 1559 que fue su primera impresión, hasta el año 1948, siendo publicada la ultima en 1966. Uno imaginaria que la censura ya estaba en decadencia desde mucho antes, pero no, fue hasta bien entrado el siglo 20 (se ve mejor en romanas XX), quien lo pensaría.

3. Los motivos que podían causar censura, eran los ya conocidos; esos que hacen menos fieles a los fieles. Corrompen su moral y los hacen dudar de la religión. Además claro, de sexo explicito, herejía, ofensas hacia la iglesia o política. Los temas tachables nunca faltaban. Y en el index se establecían que autores o libros debían dejar de circular o cuales se necesitaba prohibir y así, impedir que los creyentes los leyeran. Lo curioso es que no solo se quitaban libros enteros, si no líneas, ya que los inquisidores (del latín: inquirere < quaerere, "buscar", aquel que "busca" o "inquiere"), se dedicaban a leer las obras y buscar lo que dañara a la sociedad; aunque si ellos leían todo, seguían siendo castos… en fin…

4. Autores censurados hubo muchos, algunos conocidos actualmente, como el caso de Cervantes o Descartes… otros que en el México actual, solo algunos conocerán su obra, como Martial Lekeux o Girolamo Meazza

Si tienen curiosidad de que autores fueron censurados (o cuales se salvaron), pueden visitar una página que les recomiendo amplísimamente: Cervantes Virtual ya que contiene la obra original para consultar íntegramente desde su portal (en una palabra, impresionante). Y si pueden suscríbanse a su boletín.

Otra página que pueden disfrutar, pues tiene el listado en forma de tabla es la de: CVM.

Y mejor los dejo por ahora porque es tarde y las brujas salen por los niños buenos y ¿Qué mas bueno que yo?… Si si, risas aparte.

Caza
Sub Correctionis Sancta Mater Ecclesiae

miércoles, 26 de agosto de 2009

Sombras de Mariposas - Carlos Díaz Dufoo (El lunes va Juan...)

El lunes va Juan
Por su carga de leña,
El martes camina,
El miércoles llega,
El jueves la corta,
El viernes la seca,
Sábado la vende y
Domingo la juega…
El lunes va Juan
Por su carga de leña.


Este es un dicho-canción que leí en la obra de teatro de Carlos Díaz Dufoo; "Entrenada en el palacio de Bellas Artes la noche del 24 de octubre de 1936 con grandes aplausos y prohibida al día siguiente por orden superior."

Sombras de mariposas – Carlos Díaz Dufoo
Página 104



caza
Tan cierto hoy, como el dia que lo leí...

lunes, 29 de mayo de 2006

Aprende I

Kin'yo, un funcionario
de segundo rango,
tenía un hermano, el
sumo sacerdote Ryogaku,
un hombre de pésimo
carácter y genio violento.
Cerca de su monasterio
crecía un gran almez,
por lo cual la gente
lo apodó el Sumo Sacerdote
del Almez. "Ese apodo es atroz",
dijo el sumo sacerdote,
y cortó el árbol. Como en el suelo
quedó un tocón, la gente comenzó
a llamarlo el Sumo Sacerdote del Tocón.
Más furioso que nunca, Ryogaku
hizo desenterrar el tocón y sacarlo
de allí, con lo que quedó un pozo.
Ahora la gente lo llamaba
el Sumo Sacerdote del Pozo.

Essays in Idleness.

Kenkó, Japón,
Siglo XIV